¿Qué es la hepatitis?
En el hígado se llevan a cabo numerosas funciones de suma importancia para el correcto funcionamiento del organismo. Toda la sangre proveniente del estómago y el intestino pasa por el hígado. Allí, los nutrientes y las drogas (toxinas, medicamentos, etcétera) son transformados en compuestos más fáciles de asimilar o excretar por el organismo.
La hepatitis es, por lo tanto, una inflamación del hígado que puede ser debida a diversas causas, aunque generalmente es un virus el responsable de la afección.
La hepatitis es, por lo tanto, una inflamación del hígado que puede ser debida a diversas causas, aunque generalmente es un virus el responsable de la afección.
¿Cómo se trata?
Tanto la hepatitis de tipo A, como la de tipo B, pueden curarse sin intervención médica. Si no es así, el facultativo establecerá un tratamiento u otro según la causa del trastorno, edad del paciente, sensibilidad a determinados fármacos, etcétera. No existe un tratamiento específico para la hepatitis A; suele recomendarse dieta pobre en grasas, evitar el consumo de alcohol y otros tóxicos y descanso. Para los tipos B, además de la recomendación de seguir las indicaciones anteriores, existen algunos medicamentos disponibles entre los que se encuentran el interferón alfa, lamivudina, telbivudina, adefovir y, más recientemente, entecavir o tenefovir. El interferón alfa es un tratamiento que se administra en forma de inyecciones subcutáneas y puede eliminar el virus de la hepatitis B, pero en un porcentaje pequeño de casos. El resto de los medicamentos mencionados se administran vía oral y no curan la infección, aunque pueden mantener el virus bajo control durante muchos años. Hay que tener en cuenta que muchos pacientes infectados por el VHB pueden tener la enfermedad inactiva y, por lo tanto, no requieren ningún tratamiento.
En la actualidad, se considera que el tratamiento farmacológico más efectivo contra la hepatitis C es la combinación de ribavirina (un antiviral que se toma por vía oral) con interferón pegilado alfa (que se administra por vía subcutánea). El tratamiento dura entre 24 y 48 semanas, y presenta ciertos efectos secundarios que a veces no son bien tolerados por los pacientes. La respuesta al tratamiento depende de la etapa en que se encuentre la enfermedad, del tipo de virus por el que se esté infectado y de la cantidad de virus en la sangre, entre otros factores. Sin embargo, el empleo de estos medicamentos puede curar la enfermedad en muchos pacientes.
Un avance reciente en el campo de la hepatitis C es la incorporación de una técnica diagnóstica que permite conocer con una gran fiabilidad si un paciente se va a curar con el tratamiento de la hepatitis C. Se trata de una mutación en un gen del organismo que produce una sustancia llamada interleuquina 28b. Esta mutación está presente de forma natural en muchos pacientes y se puede determinar de forma fácil por medio de un análisis de sangre. Su determinación es muy útil a la hora de tomar la decisión de tratar o no tratar a un paciente.